Vestuarios y pistas deportivas en el parque María Zambrano

Una piel de perfiles de acero, como un código de barras, la identidad del proyecto.

Apropiación del lugar. Trabajar en el vacío
Desde la gestación de la primera idea se ha trabajado entendiendo proyecto y entorno como un todo indivisible. De esta forma, la arboleda preexistente, las vistas, las texturas naturales, los caminos, el sol… pasan a formar parte del programa arquitectónico generando unos puntos de partida comunes.

De fuera hacia adentro. Convivir en armonía
Se plantea una actuación externa poco agresiva con su entorno, con una imagen y una volumetría exterior neutra y comedida, blanca, sin huecos, que no rivaliza con el lugar en ningún momento. Del mismo modo, las pistas deportivas tienden a diluirse con la vegetación, con unos cerramientos completamente translúcidos y unas pieles metálicas que minimizan su impacto.

De adentro hacia afuera. El parque se respira, te inunda, te envuelve… estás en él
Gracias al alma del proyecto -la piel por la que el edificio respira-, el interior se apropia por completo del parque, de manera que los espacios intersticiales del mismo comienzan a tomar protagonismo, creando unas zonas abiertas, cubiertas, semi-cubiertas, semi abiertas., descubiertas… por las cuales se vive el entorno. De esta forma, la zona intersticial se empapa del colorido de la vegetación, huyendo de la neutralidad del exterior